La visita quedó en algunas declaraciones sin verdadero calado comercial ni geopolítico y Trump concluyó la cumbre prácticamente en el mismo punto en el que la había iniciado
Todos considerábamos muy probable que China iba a ser el próximo líder mundial tras superar a EEUU en muchas facetas, sobre todo en la económica (crecimiento y solvencia como Estado) y en la tecnológica. Después del viaje de Trump, estamos seguros de ello.
Buenas intenciones iniciales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha reunido durante varios días de la pasada semana en Pekín con el presidente chino, Xi Jinping. El viaje suponía un hito histórico ya que era el primero de un mandatario estadounidense en casi una década, desde la visita del propio Trump en 2017. Además, le acompañaban una amplia comitiva de empresarios interesados en cerrar nuevos acuerdos comerciales.
Se deseaba que la reunión se centrara en las relaciones comerciales entre ambos países y en la posible flexibilización de las restricciones chinas a la exportación de tierras raras a EEUU (China ostenta de hecho una posición de cuasimonopolio en esta materia), amén de las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores a China. También el estrecho de Ormuz debía ser una cuestión clave de debate, ya que ambos países desean poner fin al conflicto, así como la posible venta de armas estadounidenses a Taiwán.
Pocos resultados prácticos
Más allá del marketing político para el presidente estadounidense, de dudoso efecto creo yo, la visita quedó en algunas declaraciones sin verdadero calado comercial ni geopolítico y Trump concluyó la cumbre prácticamente en el mismo punto en el que la había iniciado, sin recibir apenas ayuda de su autodenominado «amigo» Xi Jinping para hacer frente a una guerra complicada en Irán y a un clima político difícil en su propio país. En cuanto a lo primero, se pactó que China no realice ningún gesto de apoyo efectivo a Irán (facilitando así que el bloque China/Rusia/Corea del Norte/Irán/Venezuela comienza a romperse). Sobre lo segundo, veremos.
De hecho, los mercados acogieron con cautela la cumbre que a primera vista parecía constructiva y podía proporcionar cierto alivio de las tensiones en torno al comercio, los semiconductores y las cadenas de suministro. Sin embargo, la falta de claridad sobre los detalles de los acuerdos tratados durante la cumbre, acabó generando más incertidumbre en torno al impacto económico y geopolítico.
De ahí que tanto acciones como bonos y otros activos como el oro y la plata acabaron el viernes cayendo con fuerza: caídas lideradas por el sector tecnológico por la falta de un pacto en materia de chips/semiconductores y por la preocupación sobre la subida de los tipos de interés con un fuerte aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro (caída en sus precios), lo que a su vez está ejerciendo una notable presión sobre las perspectivas de beneficios de las acciones de crecimiento.
China controla el tempo y algo más
La relación entre ambos países va a ser «mejor que nunca», le dijo Trump a Xi en su discurso de apertura. Puede ser que así sea en apariencia pero, de no cambiar las cosas, todo va a continuar de la misma manera y con el riesgo añadido de poner sobre la mesa la idea de si podrían evitar la «trampa de Tucídides». Ésta se refiere a cómo, históricamente, las tensiones entre una potencia emergente y una potencia dominante (China y EEUU respectivamente en este caso) han desembocado a menudo en una guerra. No es una buena mención, aunque coherente con la actitud del presidente chino Xi quien afirmó que Taiwán era la cuestión más importante para las relaciones entre Estados Unidos y China, y que, si no se gestionaba bien, empujaría la relación bilateral a una situación «peligrosa». Recordemos que, por ahora, solo doce estados soberanos (todos muy pequeños) reconocen oficialmente a Taiwán como un país independiente (en Europa, por cierto, únicamente el Vaticano).
Al final, la desaceleración de la economía china está recibiendo un valioso apoyo de las exportaciones, mientras que Estados Unidos sigue dependiendo de la postura china con los minerales de tierras raras.
En resumen, las perspectivas a corto plazo apuntan a una estabilización continuada, pero las tensiones estructurales subyacentes en los ámbitos comercial, tecnológico y ligadas a Taiwán siguen sin resolverse y podrían provocar un incremento de la incertidumbre geopolítica que tan nervioso pone al mercado financiero.
Cualquier acuerdo que vaya más allá de una prórroga de la denominada tregua de Busan (pacto comercial y arancelario acordado en octubre de 2025 en la cumbre de Corea del Sur), la flexibilización de la venta de tierras raras y un aumento de las compras chinas de bienes estadounidenses de todo tipo (no solo aviones y productos agrícolas como tratado en la reunión), requerirá negociaciones más exhaustivas.
Veremos qué sucede en próximas reuniones – se espera que los presidentes se junten hasta en cuatro ocasiones este año – y esperemos que se logren mejores resultados para EEUU. Occidente se juega mucho.
Postdata sobre la carrera espacial: Google está en conversaciones con SpaceX para alcanzar un acuerdo de lanzamiento de cohetes antes de su salida a Bolsa; parece que la empresa del buscador más utilizado del mundo quiere colocar centros de datos orbitales en el espacio, todo un alarde de previsión y perspectiva favorable para un sector, el del espacio, que parece va a ser una nueva referencia para los inversores que buscan compañías de crecimiento. Se cree que cuando SpaceX salga a bolsa, el dinero institucional inundará todo el sector, hasta el punto que se están ofreciendo fórmulas para tomar posiciones en SpaceX antes de la oferta pública.





