¿Están las bolsas en zona de peligro?

La prima de riesgo en Bolsa («equity risk premium», ERP) o el retorno adicional que los inversores exigen por invertir en acciones en lugar de hacerlo en activos considerados teóricamente libres de riesgo, está en estos momentos «desaparecida»

En las últimas semanas hemos visto cómo los mercados bursátiles alcanzaban con frecuencia máximos históricos, impulsados por los sólidos resultados del primer trimestre y por un renovado interés de los inversores por la temática de la inversión en inteligencia artificial (IA), algo que se ha puesto de manifiesto de forma más visible y contundente en el sector de los semiconductores.Sin embargo, aunque la demanda de los inversores por determinadas acciones parece casi insaciable como demuestra la salida a Bolsa de Space X del viernes pasado, la renta variable podría parecer poco atractiva en comparación con los bonos, como pasó durante la burbuja puntocom a principios del milenio.

Visión histórica

Durante la mayor parte de las dos últimas décadas, esa prima de riesgo ha sido positiva, recompensando a los inversores por asumir el riesgo de la renta variable. Hoy en día, el rendimiento por beneficios del índice S&P 500 —los beneficios que generan las empresas en relación con las valoraciones bursátiles, expresados en porcentaje— es aproximadamente igual, o en algunos cálculos inferior, al rendimiento de los bonos del Tesoro de EEUU. Lo anterior, según un informe del aanalista Neuberger, es una situación que se observó por última vez de en el apogeo de la burbuja puntocom.

Una señal de alerta que debe tomarse con cautela

Como indica el citado analista, antes de sacar conclusiones, conviene hacer una advertencia sobre el propio indicador. La ERP, tal y como se mide habitualmente, puede ofrecer comparación algo imperfecta. Técnicamente, mediante la rentabilidad que ofrece un bono se sabe con exactitud lo que se recibirá hasta el vencimiento del bono (salvo impago o default del emisor). En cambio, los flujos de caja de la renta variable son inciertos y, en gran medida, crecen con el tiempo. Una acción que acumula beneficios a un 10% anual es un activo diferente a un bono que ofrece un rendimiento del 4%, aunque una foto actual los haga parecer equivalentes.

Dicho esto, señales de alerta como ésta merecen atención. La última vez que la ERP se situó en un nivel tan bajo —a finales de la década de 1990—, esta circunstancia persistió durante más tiempo de lo que la mayoría de analistas esperaban antes de acabar revirtiéndose luego bruscamente.

La lección de aquel episodio se resume en que cuando la concentración de las inversiones es alta, o sea, cuando una única temática domina el mercado (caso de hoy con la IA) y se reduce la diferencia entre lo que se paga y la ganancia potencial, la cartera se vuelve cada vez más vulnerable a las correcciones cuando el crecimiento decepciona en relación con las expectativas. Así de sencillo.

Creyente en la IA pero con la debida diversificación

En los últimos trimestres, la IA ha impulsado la mayor parte de la rentabilidad de las Bolsas y justifica valoraciones elevadas y creo que le queda mucho recorrido y podría seguir impulsando a los mercados de acciones Pero los inversores que centran en exceso sus inversiones en esa temática asumen un riesgo que, realmente, es en buena medida gratuito (innecesario pues el mercado no lo remunera suficientemente), ya que la diversificación puede mitigarlo sin sacrificar potencial de rentabilidad.

Para empezar, en estos momentos, la renta fija ofrece rendimientos absolutos atractivos y ha recuperado gran parte de su utilidad diversificadora. Más allá de la renta fija, la amplitud de alternativas en renta variable permite también incrementar la expectativa de rentabilidad seleccionando bien sin dotarse de más riesgo del deseado. Actualmente, sería el caso de aprovechar el segmento de mercado de las pequeñas y medianas empresas estadounidenses que cuentan con valoraciones atractivas y claro potencial alcista e igualmente algunas Bolsas de zonas emergentes (asiáticas especialmente). Los activos monetarios y las inversiones vinculadas a la economía real (private equity y private debt) culminarían el efecto diversificador ajustando el potencial de retorno de una cartera a su nivel de riesgo asumido de la manera más eficiente posible.

De repente, el mercado de valores puede encuentrarse en una encrucijada

Como indico en el antetítulo, fenómenos como el de la IA que estamos viviendo y el superciclo que comporta pueden situarnos en una encrucijada, dado que es posible que los beneficios sigan sorprendiendo pero no tanto como las valoraciones bursátiles exigirían. La idea de que el mercado solo vaya a moverse en una dirección (al alza) siempre ha sido errónea.

De ahí que, reconociendo en qué punto del ciclo económico nos encontramos, tomando en consideración la señal que nos envía la prima de riesgo bursátil, aun aceptando sus limitaciones, y construyendo carteras que estén verdaderamente diversificadas, podamos confiar en la obtención de estabilidad en la valoración y retornos favorables en nuestra cartera de inversión para los próximos trimestres.