Entre compras por el tirón de la IA y ventas para recoger beneficios, el dinero rota de tecnología a sectores como consumo y aerolíneas mientras dólar sube y materias primas ceden
La situación de las bolsas presenta en estos momentos dos extremos opuestos: muchos inversores con deseos de comprar para no quedarse fuera del boom tecnológico y otros tantos prefiriendo vender por la teórica sobrevaloración del mercado. Así se mueven los mercados que atraen a los compradores:
En un contexto en el que las compañías tecnológicas habían sido penalizadas ante el temor a una desaceleración del ciclo inversor, el fabricante de chips de memoria Micron Technology superó con creces las expectativas de Wall Street en su tercer trimestre fiscal y publicó unas previsiones para el trimestre actual considerablemente mejores de lo esperado, lo que provocó inicialmente una subida de las acciones de alrededor del 16%, mientras los inversores celebraban con compras la continua demanda de chips de memoria impulsada por la inteligencia artificial (IA).
El dólar sube, el oro y el petróleo bajan y, aunque entra dinero, apenas se observa todavía recuperación en los mercados bursátiles mundiales. El índice del dólar DXY se ha fortalecido de nuevo y podría romper al alza; el oro, por su parte, se ha situado por debajo de los 4.100 dólares por onza (mal año, al menos por ahora, para el metal precioso que cae un -8%). El crudo Brent ha retrocedido por debajo de los 74 dólares por barril situándose a niveles similares a los del inicio de la guerra entre EEUU e Irán, caída que ha ido a más a medida que se ha hecho más visible el tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz.
En la renta fija, se observa cómo los bonos incrementan ligeramente su demanda, a pesar de que los economistas de Bank of America acaban de pronosticar tres subidas de tipos por parte de la Fed este año. No obstante, si el mercado descuenta menor inflación energética futura, lo lógico sería observar cierta caída en los rendimientos nominales y una consiguiente subida de los precios de los bonos.
Pero, a la vez, la corriente vendedora se manifiesta: Los hedge funds, ETFs y otros grandes inversores institucionales, con grandes posiciones en tecnología en general y en semiconductores en particular, empiezan a plantearse la toma de beneficios, lo que llevó el pasado martes al índice Nasdaq a sufrir una de las peores caídas de su historia medida en puntos.
Muchas carteras de grandes inversores se están reposicionando buscando empresas infravaloradas en Bolsa y de ahí que presenciemos sesiones bursátiles con fuertes ventas en algunos sectores como energía al pasar de descontarse un escenario de escasez energética a otro de abundancia e igualmente en sectores defensivos como consumer staples (consumo básico). Por el contrario, otros sectores como el consumo discrecional (el lujo se beneficiará de la mayor renta disponible para el consumidor) así como transporte y aerolíneas (menor coste de combustible), reflejan con alzas en sus cotizaciones la aparente superación de la crisis energética.
Gigantes tecnológicos como Apple han experimentado recientemente fuertes caídas bursátiles debido al aumento de los costes asociados a la escasez de chips de memoria y almacenamiento que está encareciendo su precio, lo que comienza a trasladarse peligrosamente al consumidor como demuestra el anuncio de subidas de precio de entre el 15% y el 25% en los Macs y iPads. El contagio a otras compañías del sector tecnológico fue inmediato.
La IA siempre de fondo
Los costes de la IA cobrarán cada vez más protagonismo y podría producirse un ligero cambio de narrativa en torno a la inflación. «El petróleo ya no es el gran villano», decía hace unos días un analista estadounidense. Creo que, en su lugar, la atención podría centrarse en las presiones de costes relacionadas con la IA y ello condicionar los márgenes y beneficios finales de muchas empresas e, inevitablemente, sus precios en Bolsa. Los incrementos de productividad apoyados en la innovación son la cara buena que aporta más valor a esta moneda tecnológica que todavía está en el aire. Veremos, con la debida visión de plazo y diversificación en cartera. Si bien, por ahora, la fiesta tecnológica en Bolsa va a continuar.





