Acabando el 1T-23: no falta de nada

Después de un fulgurante comienzo de año con subidas notables en los precios de bonos y acciones, ha llegado el «mambo». A la estabilidad aparentemente alcista le siguen los sustos. Siempre es así. Sucede que el sobresalto producido con las intervenciones/absorciones/quiebras de varios bancos estadounidenses y del suizo, pero global, Credit Suisse, ha traído a los mercados financieros perturbaciones que hacía tiempo no veíamos (como caídas superiores al -10% en una sesión de las cotizaciones de varios bancos) y, lo que es peor, han hecho temblar la confianza en el sistema de depositantes e inversores. Expondré a continuación una serie de ideas que creo resumen bien dónde estamos, por qué y hacia dónde podría encaminarse la evolución de los mercados financieros.

Volver a lo básico (BTB)

Recuerdo muy bien la última vez que se utilizó de manera generalizada en el mundo financiero la expresión back to basics (BtB) o vuelta a lo básico. Fue después de la gran crisis financiera de la última parte del decenio del 2000 y comienzo del siguiente. Proliferaron entonces los productos financieros sofisticados/complicados en exceso, al menos para el público minorista a quien se los ofrecían, y las consecuencias de ello fueron en muchos casos muy negativas. Numerosos inversores perdieron dinero y, no sólo eso, también se malogró la confianza en el sector financiero.

Los mercados se anticipan a lo bueno y a lo malo

A punto de finalizar el mes de febrero, muchos analistas e inversores nos preguntamos si el mercado no está anticipando un escenario excesivamente benigno. De hecho, aunque los indicadores macroeconómicos apuntan a una economía global más resistente, a poco que la inflación repunta o se reduce menos de lo esperado (el viernes pasado sucedió en EEUU), se confirma que el endurecimiento de la política monetaria empezará a hacerse sentir en los próximos meses y se ve más cerca el escenario de recesión que se daba por seguro hace unos trimestres y que ahora no es tan evidente.

Nunca es tarde si…

Me llama poderosamente la atención la desfachatez de algunas grandes entidades bancarias y sus gestoras de fondos cuando les preguntan sobre el fenómeno de la compra de Letras del Tesoro español por parte de particulares y sobre el que he escrito en recientes entradas a este blog. Aparte de los costes que aplican a la compra, de ahí las famosas colas en el Banco de España, el hecho de que recurran a argumentos como la mejor fiscalidad, la diversificación de plazos de un fondo de Letras y la rentabilidad real (restando la inflación) que es negativa, son, a mi juicio, pobres excusas para esconder intereses espurios. Éstos se apoyan en su cuenta de resultados en claro conflicto con los intereses del ahorrador/inversor quien, después de muchos años, puede acceder a un producto financiero seguro y con una rentabilidad, comparada con otras alternativas, muy elevada y cierta. Pero no sólo de Letras debe hoy en día vivir el inversor y lo explicaré.

Hay cola en el Banco de España

Contaba hoy Expansión cómo los préstamos para compra de vivienda se han encarecido en el último año, especialmente cuando el futuro hipotecado quiere un tipo fijo. La fulgurante subida del Euribor a un año que roza el 3,4% – estaba en el 0% hace poco más de un año – ligada a las alzas del BCE de los distintos tipos directores están en la base de este fenómeno. Esta tendencia es generalizada en la Eurozona y también en EEUU donde el coste hipotecario se ha triplicado desde 2020 en su mayor repunte en 50 años (lo que está impactando con fuerza al mercado de la vivienda, pero eso lo contaremos otro día). Pues bien, en España, a diferencia de otros países europeos y de EEUU, la otra cara de la moneda, es decir, la remuneración por el banco al depositante, sigue anclada en el cero y sin aspecto alguno de moverse. Veamos por qué. 

2023: ¿el año del cash?

Cuando contaba en este foro hace dos semanas mi visión para el año actual en Telegrafiando 2023, no cité la que fue también inversión refugio, aparte del Dólar para los que razonamos en euros, durante el pasado ejercicio. Me refiero, como se adivina por el título de esta columna, a la liquidez o cash cuya presencia en cartera, aun sin retorno, ha protegido de las caídas de bonos y acciones acaecidas en los trimestres pasados. Sucede que este tipo de activo cuenta ahora con una gran ventaja: sí que se remunera  y, además, algo impensable hace un año con tipos negativos, se paga a muy buen nivel. Eligiendo bien, por supuesto.

Telegrafiando 2023

Abundan en esta fase del año los análisis de lo sucedido en 2022 (año complicado de bajadas tanto para las bolsas  con S&P-500 -20%, Nasdaq -34%, Estoxx-50 -11%, como para los bonos  con el índice Bloomberg Aggregate cayendo -16%) y también son muchas las previsiones que para 2023 hacen analistas y gestoras. Me centraré en esto último y, para no quitar tiempo todavía festivo a los lectores de este blog, lo haré, digamos, de forma telegráfica.  

Deuda desmedida, ¿nos salvará la inflación?

Mientras el Gobierno español continúa legislando en aras de su potencial reelección, la deuda de las Administraciones Públicas no para de subir en nuestro país. Como nos recuerda la web La Cosa Pública de J. Sevillano, con Felipe González la deuda pública creció. Con Aznar se mantuvo. Zapatero la disparó en su segunda legislatura (desde 2007) y desde entonces no para de aumentar a un ritmo elevado. Se ha pasado de 384.662 millones de euros en diciembre de 2007 a 1.432.228 a finales del tercer trimestre del presente año. Casi se ha multiplicado por 4 en esos 14 años. Un desastre.

Coste de la energía: alzas e incertidumbre

La pasada semana di una conferencia en el marco de la Federación del Metal de Zaragoza (FEMZ). Había allí numerosos  empresarios y primeras espadas del sector energético  como Luis Atienza (ex ministro de Industria y ex presidente de Red Eléctrica) y Marina Serrano (presidenta de la Asociación de Empresas de Energía Eléctrica). Ambos expusieron con claridad lo que está sucediendo en España con el coste de la energía. Un servidor expuso la ponencia la «tormenta perfecta y la torpeza imperfecta», sobre el origen y la actual gestión de la crisis energética.