Verano atípico, Bolsas inciertas

Muchos inversores, gestores y analistas nos preguntamos sobre el porqué de la capacidad de los mercados de acciones de casi todo el mundo (el casi, en parte, es por España) para aguantar la oleada de malas noticias y riesgos latentes a los que nos enfrentamos. Es cierto que en estos momentos, a excepción del tecnológico Nasdaq y del precio del oro, todos los activos ligados a Bolsa y a materias primas están todavía en terreno negativo en el año. Pero es igualmente verdad que a poco que la Bolsa recibe una buena noticia en relación con la vacuna del virus o con las inyecciones monetarias de los Bancos Centrales y Gobiernos, las cotizaciones reaccionan al alza, ignorando que habrá que esperar todavía tiempo para comprobar si las anteriores variables, vacuna y ayudas públicas, consiguen resultados satisfactorios.

Nasdaq: fe ciega o valoración

Decía en un reciente informe Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS en España, que hay que poner las luces largas a la hora de invertir para vislumbrar cómo será este nuevo ciclo que comienza en medio de la crisis sanitaria del corona virus, momento marcado por los tipos próximos al 0% y las enormes transformaciones estructurales. Me parece una acertada reflexión en estos momentos de incertidumbres de todo tipo y especialmente aplicable cuando miramos lo que está sucediendo en el mercado de valores tecnológicos por excelencia, el Nasdaq estadounidense.

2020, el año de la dispersión de rentabilidades

Uno de los efectos de la crisis sanitaria sobre los mercados financieros está siendo la enorme dispersión en la evolución de los índices bursátiles de las distintas zonas del mundo y, especialmente, entre los diversos sectores de la economía (casi 35% de diferencia entre el comportamiento en 2020 del sector financiero y el del tecnológico). Debido a ello, también los fondos de inversión de Renta Variable muestran una elevadísima dispersión en sus rentabilidades acumuladas en el año.

Bancos: ¿de apestados a deseados?

El sector bancario europeo es probablemente, junto con las operadoras de telefonía, la industria más demonizada por los inversores en los últimos años. No hay día en que no aparezca alguna noticia sobre las dificultades de los bancos para ganar dinero, su necesidad de reducción del número de oficinas, el riesgo de pérdida de cuota de mercado por competencia de las grandes tecnológicas, etc. Siendo todo ello verdad, al menos parcialmente, en la actualidad existe un trasfondo mucho más relevante desde el punto de vista del inversor, accionista o bonista: los bancos presentan un favorable nivel de solvencia (nunca visto en los últimos veinte años) y la crisis causada por el Covid-19 ha obligado a los Bancos Centrales a implementar una agresiva política de inyección de dinero muy favorable para el sector. Un “nuevo régimen” beneficioso para la banca como lo denomina la gestora Algebris en su último informe sobre el sector (Banks: Key Beneficiaries of the New Policy Regime) y que explicaré a continuación.

La recuperación comenzó en mayo

Me refiero a la recuperación de la economía estadounidense cuyo ritmo marca el de la del resto del mundo. Hace bien Jerome Powell, Presidente de la Reserva Federal (FED), advirtiendo de la gran incertidumbre existente y de que la actividad y el empleo aún están muy por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. Pero la realidad es que desde que comenzaron a reducirse las restricciones, algunos indicadores económicos apuntan a una estabilización e incluso a un rebote de la actividad. Fueron especialmente positivos los últimos datos publicados de consumo con un salto en mayo del +17,7% mensual, el mayor incremento en un mes de la serie histórica.

¿Momento para las compañías de valor?

La diferenciación entre fondos por invertir en compañías Value o Growth (valor o crecimiento) lleva años siendo una de las principales referencias a la hora de elegir un producto de inversión de renta variable. La gestión Value se basa fundamentalmente en identificar compañías que están infravaloradas desde un punto de vista fundamental (determinar su valor intrínseco y compararlo con su precio en Bolsa) y apoyarse en ello como criterio principal a la hora de tomar o no una posición en un valor, es decir, comprar con el mayor margen de seguridad posible dando poco peso a factores como el momentum o timing de mercado. El potencial de crecimiento de las empresas de valor acostumbra a ser limitado (eléctricas, energía o financieras son buenos ejemplos) y es éste elemento el que les diferencia de las compañías Growth que son empresas en expansión y que operan en sectores en evolución, a menudo experimentando cambios estructurales, y que ofrecen un producto/servicio de gran valor añadido (tecnología y lujo serían sus máximos exponentes).

La diferenciación entre fondos por invertir en compañías  Value o Growth  (valor o crecimiento) lleva años siendo una de las principales referencias a la hora de elegir un producto de inversión de renta variable. La gestión Value se basa fundamentalmente en  identificar compañías que están infravaloradas  desde un punto de vista fundamental (determinar su valor … Seguir leyendo

¿Ignoran las Bolsas al Covid-19?

Movimientos al alza tan violentos como los que vivieron las Bolsas el pasado viernes, durante toda la semana anterior de hecho, hacen que muchos pongan en duda si realmente la crisis sanitaria va a ser tan dañina para la economía mundial como parecía. Al final, como tantas veces en los mercados financieros, hay que echar un paso atrás, mirar con frialdad y analizar lo que de verdad sustenta al mercado y discernir lo que puede castigarle.

Evitar el impago de la deuda

Con la avalancha de ayudas que la crisis del Covid-19 trae a las economías europeas, como el ingreso mínimo vital en España o el plan de reconstrucción de la Comisión Europea con la creación de un fondo de 750.000 millones de euros, se refuerza el debate que venimos arrastrando desde hace años sobre cómo se pagará toda esa deuda necesaria para afrontar estos planes de ayuda. Parte se cubrirá en el corto plazo con la subida de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos, pero la mayor proporción de ese gasto se sustentará en más deuda emitida por Estados y organismos supranacionales europeos. ¿Hasta cuándo aguantará este sistema de deuda que se retroalimenta?

Bolsa española: ¿oportunidad o imprudencia?

La conversación que mantuve hace unos días con José Ramón Iturriaga, histórico y aventajado gestor de Bolsa española, me ayudó a confirmar la percepción sobre nuestro mercado de acciones que vengo teniendo desde los mínimos de marzo pasado: podemos estar ante una magnífica oportunidad para invertir en valores españoles. Es cierto que la mayor parte de los elementos del entorno sociopolítico y económico aporta dudas e incertidumbre pero, a poco que la vida del país y de nuestro entorno se normalice, el atractivo inversor de muchas empresas cotizadas es innegable. Habrá acciones que todavía se muevan en la denominada “trampa de valor” y que podrían profundizar en sus caídas, pero creo que estamos en uno de esos momentos que el gestor Howard Marks (fundador de Oaktree Capital Management) ve propicios para que los inversores que controlan sus emociones se desvíen del rebaño y consigan mayores retornos.