Reflexiones del 1S-26 y una previsión para el nuevo semestre

El finalizado primer semestre del año nos ha recordado varias máximas de la inversión financiera y ha confirmado alguna tendencia que no para de sorprendernos

Vuelve a cumplirse la norma: ni guerras ni políticos enajenados cambian uno de los fundamentos de la inversión consistente en que invertir con visión de plazo, manteniendo una diversificación eficiente de activos coherente con el riesgo aceptado por cada inversor y sin preocuparse demasiado por el ruido a corto plazo, es la mejor manera para obtener una rentabilidad media estable en los mercados financieros evitando además sufrimientos innecesarios.Si añadimos, imprescindible en la actualidad, una gestión activa que identifique de manera más dinámica los riesgos y las oportunidades, vemos por qué los inversores bien asesorados han salido más que airosos de la, aparentemente al menos, finalizada crisis energética.

La transformación de la Inteligencia Artificial (IA)

Estamos viendo desde hace varios años una concentración histórica de beneficios en muy pocas empresas tecnológicas. Vuelve la sempiterna pregunta: ¿Estamos ante una burbuja de valoraciones infladas ahora por la narrativa de la IA o los fundamentales justifican estos precios tan altos? Por valoración, en estos momentos las big tech y el sector en general no está tan caro, pero siempre que sus negocios sigan generando elevados ingresos que compensen las ingentes inversiones en capex que están realizando. La gran duda, ya sabemos, está en el impacto real de la IA, tanto para los negocios de las compañías tecnológicas y de otros sectores como en las propias empresas especializadas del ecosistema IA.

Realmente, aunque la situación en Oriente Medio ha acaparado la actualidad durante los últimos meses, se ha estado librando otra guerra con implicaciones de gran alcance. Los gigantes tecnológicos se encuentran inmersos en una contienda inversora para potenciar su crecimiento porque creen que la IA es uno de los avances tecnológicos más relevantes, si no el que más, de nuestro tiempo. De ahí que las empresas de chips sean por ahora las grandes ganadoras con Nvidia, TSMC, AMD y Broadcom a la cabeza.

La demanda de centros de datos supera con creces la oferta y el sector parece gozar de buena salud. El reto para muchos es conseguir los componentes necesarios para construir estos centros, incluyendo los suministros de energía y abastecimiento de agua, dado que consumen enormes cantidades de energía para el funcionamiento de sus sistemas y para la refrigeración.

Gran parte del debate sobre la IA se centra en los modelos de vanguardia y en quién va por delante, por lo que la cuestión más importante va a ser la difusión, es decir, saber quién puede extender la IA a toda la economía, y hacerlo de manera rentable. Es por ello que el liderazgo en las tecnologías de uso general acostumbre a depender menos de la mera invención y más de su adopción a gran escala por parte de sectores de actividad, empresas, y trabajadores.

En todo caso, en este ámbito, a la hora de invertir conviene actuar con especial prudencia ya que se trata de un campo en rápida evolución. Además, parece que los Gobiernos están interviniendo de manera creciente lo que podría complicar aún más el análisis de los resultados empresariales.

La previsión

Siempre hay riesgos que acechan a los mercados y ahora no es diferente. Los motores a largo plazo de los mercados de capitales son el ingenio, la creatividad y la productividad humanos, y éstos se traducen en crecimiento económico, aumento de los beneficios empresariales y, en última instancia, en la revalorización del mercado bursátil y la creación de riqueza.

Estos motores suelen imponerse por encima del ruido, del mismo modo que, como inversores, debemos dejar de lado las distracciones a corto plazo. Con la revolución de la IA y otros avances tecnológicos, sumando los progresos en productividad y el dinamismo emprendedor que han caracterizado a la economía estadounidense y mundial a lo largo de los últimos años de cambios y adaptación, existen razones de peso para ser optimistas y mantener un buen ánimo siendo constructivos con la renta variable para lo que queda de año.