LLEGA LE PEN: ¿BUSCO PROTECCIÓN EN DIVISA?

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A tan solo un mes para la elección presidencial de Francia (23 de abril y la casi segura segunda vuelta el 7 de mayo), suenan de nuevo los tambores del miedo al devenir de la desnortada Europa. Visto su buen comportamiento, parece que los mercados de renta variable europeos no los están oyendo. Por el contrario, los de bonos sí están prestando más atención a los riesgos que tal acontecimiento origina: la rentabilidad del bono a 10 años español se acerca al 2%, la del bund alemán al 0,50% y la de su equivalente francés supera ligeramente el 1% (1,34%, 0,20% y 0,68% respectivamente a principio de año). En este complejo entorno, el foco de atención recae sobre el Euro y su continuidad como divisa de la mayoría de países de la Unión Europa. De ahí que escuchemos de nuevo recomendaciones, interesadas la mayoría de las veces, sobre la conveniencia de contar con depósitos de dinero fuera de España y, más concretamente, en Alemania, pues este país podría ser un refugio para el valor de un Euro en extinción. Esto, como expondré a continuación, no es en absoluto evidente.

¿Por qué el marco alemán no es la solución?

Así se encabezaba un reciente análisis de UBS en el que el Equipo Editorial de la entidad suiza argumentaba la escasa protección que facilitaría el mantener depósitos bancarios en euros en Alemania en caso de desaparición de la divisa de la Eurozona. Este análisis parte de una hipótesis de extinción de la moneda común y una búsqueda de refugio por parte de muchos ahorradores en la economía más sólida de la Europa del Euro, lo que supondría fuertes entradas de capital en el país germano.

En tal situación, explica UBS, si “todos los euros que hubiera en Alemania se convirtieran en marcos alemanes, éstos representarían derechos sobre bienes y servicios alemanes (en eso consiste el dinero); surgirían derechos sobre la producción alemana, pero ésta seguiría siendo la misma; el desequilibrio generaría una inflación considerable”.

Como sabemos, si algo detesta y teme la Administración alemana es la inflación, por lo que sus gobernantes tomarían medidas para evitar que una cantidad tan elevada de marcos en su economía acabara generando una escalada incontrolada de los precios. Finaliza el informe indicando que una forma de impedir este alza del IPC sería “estableciendo diferencias entre los tenedores de efectivo nacionales y los extranjeros; los tenedores nacionales de euros podrían obtener un marco alemán por un euro, mientras que los extranjeros, un marco por tres euros, por ejemplo”. Tras la caída del Muro de Berlín y la creación de la nueva Alemania unificada, se produjo en 1990 la reunificación monetaria y se utilizó el mismo mecanismo de conversión con los debilitados marcos de la Alemania del Este.

La realidad tras una posible victoria de Le Pen: la Europa de varias velocidades

Al contrario de lo que opina la política de la ultraderecha francesa y que relataba Expansión.com hace unos días, no creo que el Euro vaya a desaparecer aunque se produzca una victoria del Frente Nacional. Tampoco considero realista un escenario de salida de Francia del Euro, ya que el pragmatismo francés y el sentido de defensa de sus propios intereses acabarían imponiéndose para impedir el empobrecimiento que una medida de este tipo comportaría. Pero incluso si el país galo abandonara la divisa común europea, considero que Europa contaría con suficientes mecanismos para salvar al Euro. Qué duda cabe de que, en una primera reacción, los mercados de acciones y de bonos se hundirían. También, lógicamente, lo haría la cotización del Euro. Luego, se analizaría cómo reconducir la situación y aparecerían fórmulas que, sin ser mágicas ni perfectas, sí creo que permitirían superar el trance.

Me refiero a la Europa de dos o de varias velocidades que ha vuelto de nuevo al tablero geopolítico tras la reunión en París de los principales líderes de la Unión Europea (UE) a principio de mes. Este mecanismo, creado en la década de los 70 del siglo pasado para superar diferencias económicas, culturales y sociales entre los países de la entonces CEE, podría ayudar a establecer un nuevo marco interno de relaciones dentro de la UE y cara al exterior que posibilitara la superación de obstáculos creados por países específicos. Realmente, la propia existencia del Euro es un buen ejemplo de ello, pues sólo 19 de los 28 Estados miembros comparten la moneda única.

El valor fiduciario del dinero

Hoy día, desde que la emisión de moneda no está respaldada por metales preciosos, el valor del dinero que manejamos se basa en la fe o confianza en la comunidad emisora de cada divisa. De esta manera, el crecimiento de una zona económica acaba determinando la cotización de su divisa. Esperemos que nuestros políticos trabajen para impulsar tanto ese progreso económico como la unión entre países y no vivamos un retroceso en nuestras vidas con una vuelta al patrón oro. Ésta, como puede comprobarse en este enlace del US Debt Clock sobre reservas de oro, no beneficiaría precisamente a los europeos.

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