Salidas a bolsa: ¿oportunidad o peligro?

Contaba hace unos día Expansión.com cómo el año próximo  podrían resucitar las salidas a Bolsa: el grupo audiovisual Mediapro, la productora de masas congeladas para pan y bollería Europastry, los bancos Ibercaja y WiZink, la cadena de moda Tendam (Cortefiel), la petrolera Cepsa, la división de renovables de ACS y la promotora de viviendas Vía Célere, entre otras. ¿Asistiremos de nuevo a  sobrevaloraciones  que hundan las cotizaciones tras su debut en Bolsa (i. e. Metrovacesa en 2018)  o serán  oportunidades  de inversión que habría que aprovechar?

Llamativa sequía

Pese a la incertidumbre económica global y a nuestro particular caos político, es sin duda llamativo que en una economía como la española que acumula más de cinco años de crecimiento ininterrumpido de su PIB no se haya producido  ninguna salida a Bolsa en 2019. Tan solo algunas  Socimi  obligadas para gozar del tratamiento fiscal preferente han comenzado su carrera en el ilíquido  Mercado Alternativo Bursátil  (MAB).

La continuidad del ciclo podría facilitar las ventas

Una normalización del comercio internacional y el retorno de la confianza que ello comportaría facilitarían un alargamiento del ciclo de crecimiento de la economía global del que Europa, y con ella España, saldrían especialmente beneficiados gracias a la ausencia de recalentamiento en su economía y a la favorable expansión monetaria que nos regala el BCE. En ese contexto de mejores expectativas para el inversor final podríamos ver un  incremento de las salidas a Bolsa  en España pues, como cito más arriba, hay varias compañías esperando dar el salto al parqué bursátil.

La historia de WeWork

Estados Unidos juega otra liga en muchos aspectos ligados a los mercados financieros y las salidas a Bolsa no son una excepción. Alterna grandes éxitos (Beyond Meat, compañía de comida vegana acumula un +200% desde su estreno en mayo pasado) con sonados fracasos (Uber  cae ya casi un 30% en pocos meses), pero la aparición de nuevas empresas cotizadas es siempre intensa, propia de la economía más activa del mundo. Sin embargo y aun con un regulador muy proactivo para el mercado (la  SEC  equivalente a la  CNMV  española), se producen intentos de salir a Bolsa que se frustran antes de conseguirlo.

El de la  inmobiliaria WeWork  ha sido el caso más reciente y muestra claramente lo que no debe hacerse para vender acciones de una compañía a los inversores. El modelo de  coworking  (trabajo compartido)  de WeWork está  “en tendencia”: alquiler de oficinas con alta rotación compartiendo zonas comunes y buscando además potenciales sinergias entre los inquilinos. Este pujante modelo no ha servido para evitar que la compañía entrara en pérdidas a pesar de su rápida expansión  (en parte, debido a ella ya que la inmobiliaria está presente en casi 30 países con un elevado coste de inversión inicial).

Cuando se estaba discutiendo su elevada valoración  (47.000 millones de dólares)  se conoció que WeWork podría tener  problemas de liquidez  e iba a necesitar un crédito de miles de millones de dólares para poder seguir operando. La desconfianza sobre la viabilidad de la empresa se extendió entre el mundo inversor hasta el punto que su consejero delegado, ahora dimitido, llegó a afirmar que WeWork debía considerarse como una tecnológica y no una inmobiliaria al uso. Desde la época de Bañuelos y su  Astroc no oía nada más extravagante para justificar la valoración de una sociedad. Aparte de que WeWork aspirara a cotizar en el Nasdaq, me temo que el negocio del ladrillo y su alquiler sigue lejos de la innovación ligada a las nuevas tecnologías aunque pongan la central en Silicon Valley. Felizmente para los inversores que pensaban acudir a la oferta de venta a comprar sus  acciones, la salida a Bolsa sigue  cancelada sine die.

Una valoración ajustada y un sector en crecimiento: claves del éxito

La historia de WeWork ilustra muy bien las claves que deben servir de guía a un inversor para decidir si compra o no acciones en una salida a Bolsa: por un lado, que la compañía  se valore de manera realista y ajustada  para que su cotización inicial cuente con potencial de subida y, por otro, que su actividad se encuadre en un  sector de crecimiento  que impulse su progresión. Veremos qué sucede en las futuras operaciones de venta que se esperan en nuestra Bolsa.

Asesórense bien y sean prudentes.

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