El miedo se había evaporado pero parece estar volviendo

La presión de los tipos, el petróleo y la inflación pesa sobre las bolsas, pese a los buenos resultados empresariales y al impulso de la inteligencia artificial

El Fear & Greed Index (índice de Miedo y Codicia) creado por CNNMoney es una forma de medir los movimientos del mercado bursátil y valorar si las acciones tienen un precio razonable o no. Acaba de entrar en territorio de «miedo».

La teoría de este índice se basa en la lógica de que un exceso de miedo tiende a hacer bajar los precios de las acciones porque las ventas se generalizan y un exceso de codicia tiene el efecto contrario. Es llamativo que en el último mes el índice ha pasado del entorno de avaricia (ansia compradora) a neutralidad y a indicar miedo, acentuado en la última semana, es decir, inclinación a las ventas por parte de los inversores, lo que parece ser coherente con los últimos eventos sucedidos.

Lo sucedido en EEUU

Este comportamiento del índice está en línea con las caídas de las bolsas en el recién comenzado mes de septiembre. A pesar de los magníficos resultados corporativos publicados durante el verano, hemos visto descensos motivados por la difícil coyuntura macro estadounidense que se aprecia en estos momentos.

Por un lado, el discurso de línea dura pronunciado hace diez días en Jackson Hole por el presidente de la Fed, Kevin Warsh, elevó considerablemente las expectativas sobre los tipos de interés. Warsh reafirmó el objetivo de inflación de la Fed del 2% e insistió en la idea de que el banco central aún tiene «trabajo por hacer», a menos que la inflación subyacente avance claramente hacia ese objetivo a un ritmo suficiente, cuestión ésta poco probable vistas las pretensiones belicistas del presidente Trump y su efecto en el coste de la energía.

Las probabilidades de una subida de tipos en septiembre se dispararon del 36% al 58% y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años subió hasta el 4,75 – 4,8%, su nivel más alto desde enero de 2025 incluso con el Tesoro estadounidense comprando activamente bonos del Tesoro a largo plazo y desplazando su perfil de emisión hacia letras del Tesoro a corto). Los rendimientos de los bonos del Estado japonés a 10 años, por su parte, se acercaron al 3% por primera vez desde 1996 y los rendimientos de los bonos alemanes (Bund) superaron su nivel más alto desde 2011 al rozar el 3,5%. Tipos de interés más altos hacen más atractiva la inversión en renta fija vs. renta variable, amén del incremento generalizado, tanto para particulares como para empresas, de los costes de financiación. Malo, pues, para la economía y para los mercados.

El conflicto que no acaba

Las elecciones de mid term de noviembre en Estados Unidos se acercan y Trump sigue cayendo en las encuestas. Este factor, que se veía como catalizador para frenar la guerra, no afecta suficientemente por ahora al presidente americano y a su Administración que no encuentra el camino para parar el conflicto. Así las cosas, americanos e iraníes continúan intercambiando ataques lo que agrava las tensiones en torno al estrecho de Ormuz y acerca el precio del petróleo a los 100 dólares.

Los resultados publicados, la IA y el «FOMO» no son suficientes

Los ya citados favorables resultados corporativos, el impulso de la Inteligencia Artificial (IA) en el sector tecnológico y su favorable efecto cascada en el resto de la economía USA, la solidez de fondo de ésta demostrada en el buen dato de empleo que conocimos la pasada semana y el persistente FOMO (fear of missing out o miedo a perder las subidas), no están siendo suficiente soporte para un mercado que, aparentemente, está perdiendo la tracción alcista.

Factores como los mencionados rendimientos de los bonos globales, que alcanzan el nivel más alto desde la Gran Crisis Financiera del primer decenio de los 2000, la aceleración de los precios del petróleo y con ellos del riesgo de descontrol de la inflación y las dudas de muchos inversores sobre los bajos niveles de volatilidad en los índices (la del S&P500 roza mínimos de 10 años), tienen la suficiente envergadura para ocasionar un retroceso de las Bolsas.

La mayor incertidumbre estriba en si esta bajada sería un indicador de cambio de tendencia o un paréntesis en el buen comportamiento de los mercados de acciones globales del que estamos gozando desde hace tiempo. Con la información de que disponemos, me inclino por esto segundo.