¿Guerra o paz? Los mercados reaccionan ante las noticias de que el conflicto está a punto de terminar o de que puede alargarse más, guiados por una brújula que les marca un rumbo desconocido por el momento
Después de las fuertes alzas impulsadas por los titulares de la pasada semana en medio de un giro radical en la política de Trump (éste declaró que iba a poner fin a la guerra incluso con el estrecho de Ormuz cerrado) que publicaba así la prensa estadounidense: «Trump busca salir de Irán con el estrecho aún cerrado…», vuelve a plantearse la pregunta que llevamos haciéndonos durante las últimas semanas: ¿por qué y para qué envió el presidente estadounidense miles de soldados a la región? La ceremonia de la confusión del trumpismo continúa.
Lo anterior supuso un fuerte repunte de alivio en la renta variable y renta fija globales, pero no un punto de inflexión claro. Al rebote de las cotizaciones ayudó el elevado nivel de sobreventa en que se encontraban tanto los mercados de acciones como los de bonos que celebraban la esperanza de una guerra corta.
De la euforia se pasó en unas horas a la decepción por nuevas declaraciones de Trump, esta vez agresivas y alejando el acuerdo posible con Irán, ante lo que los mercados mundiales mostraron un comportamiento negativo/cauteloso. Las preocupaciones sobre los precios del petróleo y el riesgo de estanflación volvían a los titulares debido a la mayor probabilidad de que la guerra se prolongue demasiado tiempo intensificando la crisis energética.
Por todo ello, es probable que la «volatilidad de la volatilidad» continúe acompañándonos durante un tiempo, mientras los mercados, sin brújula fiable con la que guiar su comportamiento, siguen tratando de adivinar qué les depara el futuro en materia de geopolítica y política económica.
Los tipos de interés de fondo
Los bancos centrales han asumido el discurso de ganar tiempo y evitar posibles reacciones precipitadas.
La subida de tipos de la Reserva Federal (Fed) que se había asumido hace unos días ya no se descuenta tan claramente y sigue existiendo un potencial de caída del rendimiento de los bonos del Tesoro americano, especialmente en los plazos cortos, y, por tanto, una subida de su precio de estimarse recortes en los tipos oficiales.
Powell, todavía presidente de la Fed, dejó claro hace unos días que las expectativas de inflación se han mantenido dentro de un rango compatible incluso con la subida del precio del petróleo, aunque, a la vez, aceptaba que la Fed simplemente no está preparada para hacer frente a una crisis de suministro de energía y una consiguiente subida desaforada del precio del petróleo y del gas natural. Veremos este viernes cuando se conozcan los datos oficiales de la evolución de precios en EEUU en marzo y mañana miércoles las actas de la Fed.
Por su parte, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, recordó que la decisión de subir o no el tipo de depósito dependerá del impacto de la guerra en Irán. Actualmente, el mercado apunta a una probabilidad de alrededor del 40 % de que se produzca una subida de tipos en la reunión del BCE del 30 de abril.
Según datos preliminares, la inflación de la Eurozona se aceleró hasta el 2,5% en marzo pasado, frente al 1,9% registrado en febrero. La guerra en Irán está pues impulsando la inflación al alza, al tiempo que lastra el crecimiento económico. Creo que el BCE está decidido a no repetir el error de política monetaria cometido durante la pandemia, cuando inicialmente se consideró que la inflación era transitoria. Veremos.
La paz a cualquier precio es lo que anhelan los inversores
Como sabemos, el impacto económico de la guerra dependerá de cuánto tiempo permanezca cerrado el estrecho de Ormuz y se mantengan elevados los precios del petróleo.
La evolución de la renta variable y de la renta fija (activo éste con peor comportamiento en esta crisis) será favorable, como explico más arriba, cuando descuenten que se acerca un desenlace para la guerra, y lo contrario si la visión es de que el conflicto se alarga. Pero, atención, el hecho de que nos rodee la incertidumbre no supone inacción, sino hacer movimientos más graduales adaptados al nivel de aversión al riesgo de cada inversor y, siempre que la cartera esté bien equilibrada, evitar tomar nuevas posiciones en cualquier activo que no sea renta fija a corto plazo.
La prima de riesgo se mantendrá ya que las implicaciones ligadas a que Irán mantenga el control del estrecho son una incógnita para el precio de la energía. Además, ¿qué pasaría si Donald Trump estuviera realmente planeando un ataque sorpresa por su cuenta con todos estos giros en la narrativa del conflicto? Nada bueno…
P.D.: Trump ya tiene algo seguro que «vender» a su opinión pública; me refiero al rescate de los dos pilotos de cazas accidentados/derribados; puede parecer una cuestión menor comparada con el fondo del drama bélico y sus miles de muertos, pero para el presidente americano y su aparato de comunicación no lo es. Así funciona el trumpismo y su guerra.





