Venezuela, entre la mentira y la subsistencia

El deterioro de la economía venezolana provocado por la mala gestión de su inmisericorde Gobierno ha llevado a la población del país a una situación límite que ha impulsado la reacción de la oposición al régimen y la situación de desconcierto que se vive en estos momentos. Estamos, a mi juicio, ante uno de los casos más sangrantes de populismo extremo y degradación política  que hemos presenciado en mucho tiempo.

Un país en quiebra lleno de petróleo

El retraso en el pago de intereses llevó a Venezuela a incurrir en default (impago)  en noviembre de 2017 debido al elevado montante de su deuda en bonos internacionales que asciende a más 60.000 millones de USD y fue así declarado oficialmente por la agencia de rating Standard&Poor´s.

El impago de la deuda ha sido causado por la fuerte caída de las reservasdel país acelerada por la debilidad del precio del petróleo y la lamentable gestión pública de las empresas ligadas al crudo. No olvidemos que el sector petrolífero en Venezuela es la mayor industria en el país y que hace unos años se situaba entre los diez mayores productores y el primero del mundo con más reservas probadas. Lo pongo en pasado pues la producción actual y reservas de petróleo de Venezuela son una incógnita. Su caída se debe a problemas de infraestructura y de gestión, controles de calidad deficientes y a las malas relaciones con sus proveedores extranjeros de servicios.

EEUU no quiere su petróleo

Hemos podido leer durante los últimos días diversas alusiones al interés estadounidense en la industria petrolera venezolana. No niego que pudo ser así hace años pero ya no es el caso y quien hace tales aseveraciones no sabe de lo que habla. Durante el año 2018, Estados Unidos batió su récord de producción gracias al desarrollo de la técnica de fracking. La independencia energética  de Estados Unidos, con una producción similar a la de Rusia y Arabia Saudí, es un hecho indubitado. Los avances tecnológicos le han permitido rebajar sustancialmente el umbral de rentabilidad a menos de 50 dólares el barril en las explotaciones más eficientes.

Por una vez en política internacional, Trump lo ha hecho bien  y no tardó en reaccionar reconociendoal líder opositor venezolano Juan Guaidó como el presidente legítimo de Venezuela. Implicarse en regímenes latinoamericanos es una larga tradición estadounidense pero no creo que la reacción del denostado Presidente americano esconda ahora intereses espurios ni deseos colonialistas.

El ridículo de la Unión Europea

Varios países de la Unión Europea (UE), entre los que se encuentra España (en teoría, siempre más sensible a las cuestiones iberoamericanas), han ofrecido un plazo de ocho días a Nicolás Maduro para convocar elecciones. Si no lo hace —lo que es casi seguro— reconocerán a Guaidó. En tal declaración subyace, por un lado, la pobreza de la política exterior de la UE que siempre refleja la falta de cohesión entre sus miembros y, por otro, los intereses de algunos Gobiernos de la Unión para no zaherir a sus socios de gobierno dada la debilidad de las alianzas que les sustenta y las derivas ideológicas de éstos (los casos español e italiano son los mejores ejemplos).

En mal camino continúa la UE cuando en lugar de alinearse de inmediato con países como EEUU y Canadá, prefiere adoptar una posición de tibieza que le acerca a Rusia, China, Cuba, Nicaragua y Turquía, entre otros países cercanos al régimen de Maduro.

Conclusiones para el inversor

No sé cómo avanzará la compleja situación en la que se encuentra Venezuela, pero sí considero necesario extraer algunas consecuencias de este triste episodio:

  • La primera conclusión y la que considero más obvia es que los inversores no deben poner su dinero en regímenes represivos, bien directamente bien a través de un Fondo de Inversión, y sí hacerlo en inversiones socialmente responsables. No sólo porque el tiempo pone de manifiesto los riesgos y éstos pueden ocasionar que el inversor pierda su inversión, sino porque indirectamente se está financiando el exterminio de una parte de la población que no comulga con el “régimen”.
  • En la actualidad, los mayores riesgos para la inversión (no sólo en acciones, también en bonos públicos y privados) están relacionados con movimientos y acciones populistas: Turquía, Argentina, Brasil, Sudáfrica y, más cercanos, el Reino Unido e Italia. Además de ser la principal fuente de riesgo que tiene ahora la Bolsa europea, la situación política de estos dos últimos países son claros ejemplos de cómo hacer imperar los intereses de una clase política sobre los de la población. Pues en eso,  precisamente, consiste el populismo.

Asesórense bien y sean prudentes.

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