Evitar el impago de la deuda

Con la avalancha de ayudas que la crisis del Covid-19 trae a las economías europeas, como el ingreso mínimo vital en España o el plan de reconstrucción de la Comisión Europea con la creación de un fondo de 750.000 millones de euros, se refuerza el debate que venimos arrastrando desde hace años sobre  cómo se pagará toda esa deuda necesaria para afrontar estos planes de ayuda. Parte se cubrirá en el corto plazo con la subida de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos, pero la mayor proporción de ese gasto se sustentará en más deuda emitida por Estados y organismos supranacionales europeos. ¿Hasta cuándo aguantará este sistema de deuda que se retroalimenta? 

El riesgo de un incremento en el coste de financiación

El inevitable aumento de los déficits podría poner en duda la solvencia de algunos países para atender sus compromisos y desencadenar bajadas en sus calificaciones crediticias. Con sus compras de bonos, los Bancos Centrales están logrando asegurar la liquidez del sistema pero no pueden hacer desaparecer la  montaña de deuda que acumulaban los países ya antes de la crisis sanitaria y que ahora se hace más grande. La consecuencia de tal situación podría ser un encarecimiento del coste de la financiación de muchos países unida a una caída del precio de los bonos con efectos muy negativos sobre el sector financiero (bancos y aseguradoras). 

¿Sería la vuelta de la inflación una posible solución? 

En el entorno descrito, un aumento del nivel de precios podría ayudar a reducir el valor de la deuda y hacer la situación más llevadera. Eso siempre sucede con los hogares y las empresas que ingresan más de lo que gastan y tiene préstamos a interés fijo. Pero en la actualidad puede ser  más incierto en el caso de los Estados  pues sus déficits crecen con la inflación y al tener que seguir emitiendo deuda, sea para cubrir el nuevo déficit o para refinanciar la que vence, una inflación al alza podría incrementar progresivamente el coste de la deuda ante la presión de los acreedores que exigirían una mayor prima. Además, unos tipos de interés situados permanentemente por debajo del nivel de la inflación son difícilmente asumibles por los inversores.

La solución de los tipos bajos

Todos aceptamos que los tipos de interés se mantendrán a niveles ínfimos durante mucho tiempo pues la denominada  represión financiera  (tipos de interés mantenidos permanentemente bajos por la acción de los Bancos Centrales y de los Estados) es  probablemente la única vía  para el sostenimiento de la deuda. De ahí que:

  • seguirá siendo difícil preservar el poder adquisitivo con el ahorro (como si existiera un impuesto permanente e imperceptible),
  • y la deuda se convertirá en algo tan cotidiano que dejará de asustar aunque su peso salte claramente por encima del 100% del PIB como está sucediendo en la mayoría de países europeos que habían conseguido, a malas penas, todo hay que decirlo, situarla por debajo de ese psicológico umbral.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que nadie presta dinero si tiene dudas sobre si se le devolverá lo prestado, por lo que  asegurar la confianza  de los inversores en la solvencia y capacidad de repago de los Estados se convierte más que nunca en el factor clave para evitar que el sistema salte por los aires.

Debilidad del estado de bienestar

Sabemos que los principales  desequilibrios macroeconómicos  de nuestro sistema son la elevada deuda pública y el alto nivel de desempleo y también que son las causas que hacen inviable ese teórico estado de bienestar que siguen defendiendo muchos políticos apoyándose en un gasto público mal dirigido y políticamente interesado. Y es cierto que la situación a la que nos enfrentamos es excepcional y la acción de los Estados para afrontarla también debe serlo.

Pero aceptado lo anterior, como recordaba el gestor de Abante Alberto  Espelosín  en su última carta a inversores, esta descomunal creación de dinero debe hacerse  de forma temporal  y no como un  modus vivendi  permanente pues  “ahí es donde radica la debilidad del sistema, que al final roza con la subvención comunista, incluso algún político ha hablado de la deuda perpetua, sin tener muy claro los estatutos de algunos bancos centrales”.

Asesórense bien y sean prudentes.

twitter: @GSantos_A