¿Vuelven las carteras 60/40?

El fuerte tirón alcista de las rentabilidades que ofrecen los bonos les devuelve atractivo inversor como componente en una cartera formada por renta variable y renta fija

El movimiento al alza de las rentabilidades en el presente 2026 que comentaba en esta columna hace unos días, podría provocar que de nuevo la renta fija tienda a desplegar su capacidad de diversificación y de protección frente a las caídas de renta variable como ha sucedido en el pasado. Es ése el motivo por el que las carteras que combinan bonos y Bolsa se popularizaron: pueden aportar un equilibrio que el gigante de la gestión Vanguard promovió al ofrecer fondos «balanceados» con renta fija y variable con el objetivo de obtener gran parte del rendimiento de las Bolsas pero con una volatilidad lo bastante baja como para resultar soportable en el largo plazo.

En la base del planteamiento estaba, y está hoy en día pues se sigue utilizando, la teoría moderna de carteras que enunció el laureado premio Nobel Harry Markowit. Éste aplicó las matemáticas al análisis del mercado de valores y creó un modelo matemático para encontrar la mejor mezcla posible de inversiones según el nivel de riesgo que una persona tolera, demostrando que se pueden combinar activos financieros para reducir el riesgo total sin perder rentabilidad.

Para que el planteamiento descrito funcione es indispensable que las rentabilidades que ofrezcan la parte de renta fija, así como los tipos de interés más a corto, sean suficientemente altas, de manera que exista potencial alcista en el precio de los bonos y que la aportación de las inversiones en el mercado monetario (tipos a corto) sea asimismo suficiente. Recuerden que el precio de los bonos se mueve en sentido inverso a la rentabilidad que ofrecen, es decir, si ésta se reduce, el precio del bono sube.

Lo anterior ha sido muy difícil de lograr debido a la represión financiera que llevamos experimentando durante los últimos veinte años con tipos artificialmente bajos impuestos por los bancos centrales reduciendo los tipos de interés oficiales o comprando deuda pública y bonos privados masivamente. Esto provocaba que el «upside» potencial del precio de la renta fija no fuese suficiente para compensar las caídas de la renta variable. Pero esta situación está cambiando en el presente ejercicio.

Los precios de la renta fija están sufriendo

Los rendimientos de los bonos llevan subiendo lentamente durante todo 2026 (sus precios, por tanto, cayendo), impulsados por unos datos económicos sólidos y por la presión de los bancos centrales obligados a mantener la inflación a raya.

De hecho, el rendimiento del bono soberano alemán a 10 años subió la pasada semana hasta el 3,5%, su nivel más alto desde 2011, mientras que el estadounidense a 10 años se situó prácticamente en el 5%, su máximo desde octubre de 2023. Este movimiento se vio reforzado por los favorables datos de los índices de confianza empresarial, la abundante oferta de bonos del Estado en el mercado y una inflación alta y persistente impulsada por la subida de los costes de la energía debida especialmente al enquistamiento del conflicto de Ormuz. Los precios de la renta fija privada también se debilitaron a lo largo de la semana, tanto los bonos soberanos y corporativos de calidad, como los de alto rendimiento y los bonos de mercados emergentes. En definitiva, el precio de la renta fija se está situando en un favorable nivel de compra.

El éxito de las carteras de tipo mixto

Históricamente, combinar la renta variable con la renta fija en una proporción de 60/40 ha sido una estrategia de inversión muy popular durante décadas porque sus rentabilidades han estado habitualmente, no siempre, inversamente correlacionadas entre sí. Cuando las acciones se comportaban mal, los bonos lo hacían bien y viceversa (en promedio). Sus beneficios compensados han permitido a los inversores construir carteras menos volátiles, gestionar mejor las caídas del mercado e incrementar la rentabilidad media a lo largo de los años incurriendo en menor volatilidad. Es así una forma de lograr una rentabilidad próxima a la de la Bolsa global, pero con algo menos de riesgo como se demuestra en su eficacia a largo plazo:

Invirtiendo en una cartera diversificada 60/40 con ámbito geográfico global se ha logrado en los últimos 30 años una rentabilidad media anualizada del 7,35%.

No sólo de bolsa vive el inversor

En estos momentos, el riesgo de burbuja, la elevada inflación, las subidas de tipos y el riesgo de ralentización del crecimiento económico global crean una mezcla potencialmente peligrosa para los inversores en renta variable. Unos tipos más altos significan múltiplos de valoración más bajos, mientras que el menor crecimiento y el aumento de los costes de la energía y salariales se comen los ingresos y los beneficios de muchas empresas.

La subida del rendimiento de los bonos nos brinda una oportunidad para reconstruir y reordenar las carteras de todos los que aspiramos a una rentabilidad próxima a la de la bolsa global, pero con algo menos de riesgo.