Seguimos con Bolsas de ida y vuelta en las que, a pesar de un precio del crudo disparado y de un latente riesgo de recesión, las alzas tras anuncios considerados positivos tienden a ser más fuertes que las caídas provocadas por noticias negativas.
Han transcurrido dos meses de crisis y el precio del Brent se ha prácticamente duplicado. Pero, a la vista de los niveles alcanzados por los principales índices tras las subidas de abril (se alcanzaron nuevos máximos), parece que muchos inversores han sabido mantener la calma e incluso algunos comprar más en las caídas como demuestran las subidas del mes: bolsas estadounidenses entre +10% y +15% en función del índice, Europa +6% de media y Japón +10%, recuperando así todo lo perdido en los peores momentos de la crisis energética.
El tan aireado «FOMO» o «fear of missing out» (miedo a perderse algo) hizo el resto, ya que los inversores temen arrepentirse de no haber invertido si los mercados suben de repente con inusitada fuerza (como ha sucedido en varias sesiones en el presente ejercicio) y, con ello, los índices recuperan velozmente.
Los resultados empresariales están acompañando
Casi el 60% de las compañías del S&P 500 han publicado ya sus resultados del primer trimestre de 2026 con métricas que siguen mostrando gran solidez.
Han sido sobre todo los resultados empresariales en EEUU relacionados con la Inteligencia Artificial (IA) y los planes de inversión masiva de las grandes tecnológicas, los que alimentaron el optimismo de los inversores. De hecho, por ahora, son los sectores tecnológico y de consumo los que lideran las ganancias gracias a la demanda de IA (mejoras en productividad ya palpables con ella) y al resistente gasto en consumo (potenciado por un favorable «efecto riqueza»), mientras que los sectores defensivos y vinculados a las materias primas se quedaron rezagados.
En Europa están destacando las buenas cifras de la banca, especialmente en España con Santander, BBVA y CaixaBank a la cabeza, en un entorno de tipos de interés que podrían permanecer altos durante más tiempo de lo previsto y con un nivel de mora (impagos de préstamos) bajísimo.
En definitiva, Bolsas respaldadas por los resultados, pero amenazadas por la subida del petróleo y sus efectos inflacionistas.
La paciencia de los bancos centrales está también ayudando, aunque esto podría cambiar.
El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo su tipo de depósito en el 2,00% en la reunión de la pasada semana e igualmente hizo la Reserva Federal (Fed) con el rango de su tipo de interés oficial entre el 3,50% y el 3,75%.
No obstante, la elevada cotización del crudo (sumando además fletes y refino) hace inclinarse a prever una inflación elevada durante más tiempo, lo que está llevando a los futuros del Euribor a apuntar a alguna subida de tipos por parte del BCE durante este año. No creo que ello suceda pues la presidenta Lagarde va a cuidarse mucho de empujar a la Eurozona a una recesión. Sólo si los precios de todo tipo de productos y servicios se dispararan por el efecto cascada de la subida de la cotización del petróleo, llegarían revisiones al alza en los tipos oficiales en la Eurozona.
Los futuros de los fondos federales en EEUU, por su parte, sugieren que la Fed mantendrá los tipos sin cambios en 2026. La fortaleza de la economía estadounidense y su independencia energética lo justifican.
Con todo, lo aquí expuesto podría cambiar e invertirse (mantenimiento de tipos del BCE y subida en EEUU) en caso de perseverar la debilidad de algunos datos macro europeos y de prolongarse un crecimiento más resistente en EEUU. No en vano, este país cuenta, como menciono más arriba, con una independencia energética que ya quisiéramos en nuestra rusificada (energéticamente) Europa. Es éste último escenario descrito el que considero más factible.
Realidades cambiantes ante nosotros que, pese al aparente optimismo reinante, podrían también ocurrir en los mercados. Veremos.





