Vistas las complicaciones para alcanzar un acuerdo para lograr el final del conflicto en Irán, las previsiones tanto de inflación como de crecimiento muestran un amplio rango entre el escenario más positivo y el más adverso
Más allá del cortísimo plazo, la evolución en 2026 de los mercados, bolsas y bonos, depende en buena medida de lo anterior, lo cual, como los hechos demuestran, es una incógnita en estos momentos. Felizmente, hay otros factores que influyen en el discurrir de las economías y de los mercados que glosaré brevemente a continuación.
Los resultados empresariales
La temporada de presentación de resultados del primer trimestre ha comenzado con fuerza, especialmente en Estados Unidos y en los mercados emergentes. Los principales bancos dieron inicio a la temporada de presentación de resultados la semana pasada con unos resultados sólidos, registrando un crecimiento de los beneficios de alrededor del15 %.
Tanto en Estados Unidos como en los mercados emergentes, las empresas tecnológicas están impulsando el crecimiento de los beneficios, mientras que en Europa el mayor crecimiento se observa en el sector energético. En EEUU, el consenso espera que los beneficios del primer trimestre crezcan un 13% interanual, mientras que en Europa se prevé que el crecimiento se mantenga en torno al 3%. En los mercados emergentes, se espera que el crecimiento de los beneficios para 2026 supere el 40 %, debido en gran medida a tres empresas de semiconductores: SK Hynix, Samsung Electronics y TSMC
La tecnología sigue tirando de las Bolsas y esta semana tendremos la publicación de las cifras de cinco de las «Siete Magníficas»: Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta Platforms y Apple. Se esperan resultados positivos apoyados en el fuerte incremento de la inversión en IA que debería empezar a traducirse en retornos visibles. En este contexto, unos resultados sólidos podrían reforzar el liderazgo del sector tecnológico y sostener el apetito por el riesgo.
En resumen, en Asia y en EEUU está habiendo revisiones de beneficios claramente al alza y en mucha menor medida en Europa salvo los sectores energético y bancario. De ahí, en parte, el comportamiento de unos mercados de acciones y de otros, ya que, no olviden, que las cotizaciones de las empresas tienden a responder a sus ganancias realizadas. Si éstas suben, también suele hacerlo en Bolsa el valor de las compañías. Al menos, en el plazo.
El nombramiento del nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed)
Los mercados financieros estarán atentos en los próximos meses a si el próximo dirigente de la Fed, previsiblemente Kevin Warsh quien sería confirmado antes de acabar el mes de abril, podrá implementar la política monetaria sin ceder a la presión política, una cualidad que es la base de la capacidad de cualquier banco central para combatir la inflación y sustenta la estabilidad financiera de la economía estadounidense.
El candidato Warsh compareció hace unos días ante el Comité Bancario del Senado americano y anunció por dónde van a ir las líneas de su mandato y parece que habrá novedades en la política monetaria estadounidense, factor fundamental para el comportamiento de los activos financieros mundiales.
Entre los cambios que prevé Warsh me parecen especialmente destacables: impulsar una menor dependencia del balance de la Fed como herramienta de política monetaria y reducción progresiva y ordenada del mismo, menos reuniones del organismo y política de comunicación más discreta con menor influencia en el movimiento de la curva de tipos de interés y, lo que considero más relevante, crear un nuevo marco de inflación reinterpretando el objetivo del 2% actual con la posibilidad de introducir un rango de confort del 1,5–2,5%, utilizando además nuevas técnicas para la medición de este indicador.
Las consecuencias de todo ello para los mercados serían muy relevantes, especialmente para la cotización el oro y para la renta fija, no sólo la estadounidense, también la emitida en zonas emergentes.
Finalmente, considero muy llamativo el comentario que hizo quien va a ser nuevo presidente de la Fed sobre los potenciales efectos deflacionistas de la Inteligencia Artificial (IA). ¿Estamos ante el comienzo de un cambio de paradigma para la evolución del nivel de precios tanto en países desarrollados como emergentes? Veremos.
China está volviendo a ser lo que fue
Hace poco más de una década el crecimiento del gigante asiático era determinante para la evolución de la economía global, tanto por sus exportaciones (deflacionistas para Occidente) como por su acumulación de deuda pública de países de la OCDE financiados así por el país asiático. La crisis de su sector inmobiliario y la falta de avance del consumo doméstico le llevaron a un bloqueo en su crecimiento que parece está comenzando a superar.
Pero, como recordaba un reciente análisis del grupo financiero británico Man, «los factores adversos que han lastrado la trayectoria de China se están estabilizando, su liderazgo tecnológico se está acelerando y la innovación se está ampliando».
China ya no se limita a alcanzar a EEUU en materia de IA, la innovación también se está ampliando al sector biotecnológico y, por otro lado, el sector inmobiliario (fuente de la caída de su PIB en los últimos años) está estabilizándose y el deseo global de reducir la dependencia de las energías fósiles procedentes de Oriente Medio va a impulsar aún más la demanda de renovables, sector éste en que China encabeza la producción mundial (el 92% de los módulos solares y el 82% de los aerogeneradores del mundo se manufacturan en fábricas chinas).
De todas formas, ¿alguien dudaba de que tarde o temprano esto iba a suceder?





