Un final para una guerra que todos quieren ganar

Es difícil acabar un conflicto bélico teniendo que vender todas las partes que han salido victoriosas. Así estamos con la guerra de Irán

La guerra en Irán se ha convertido en una negociación entre Estados Unidos e Irán. Este país considera que el conflicto es una cuestión de supervivencia y busca garantías de que no se enfrentará a futuros ataques por parte de Estados Unidos e Israel. Tras la guerra de 12 días del verano de 2025, Irán se ha preparado para un conflicto prolongado descentralizando su estructura de mando y considerando el cierre del estrecho de Ormuz como un elemento esencial para establecer una disuasión creíble.

Y ello a pesar de la menor dependencia del petróleo de la economía mundial -algo tenían que aportar las renovables- ha contribuido a que la reacción del mercado ante la guerra haya sido más moderada. No en vano, el impacto final será asimétrico: las economías más dependientes de la energía importada —China, Europa, la India y Japón— se enfrentan a perturbaciones considerablemente mayores que Estados Unidos, que ha alcanzado un alto grado de autosuficiencia energética

Aunque no hay un camino claro hacia la distensión, parece que toda esta escenificación podría desembocar en un acuerdo en el corto plazo, lo que limitaría el daño a la economía mundial que en parte ya se refleja en algún índice de confianza empresarial. Irán prefiere transmitir que está ganando la guerra a pesar de la destrucción parcial de sus estructuras energéticas y armamentísticas y la eliminación de sus altos mandos (sustituidos por una nueva hornada de líderes aún más radicales).

Por ahora, daños limitados para los mercados

En este contexto, cada vez abundan los indicios de que el tiempo se agota para ambas partes. Los mercados se mueven exclusivamente en función de los acontecimientos del día a día con la subida de los precios de la energía de fondo, lo que podría provocar un giro en la política monetaria de los bancos centrales haciendo ésta más restrictiva. De ahí que en las Bolsas la reacción haya sido hasta el momento mucho más contenida que en los mercados de renta fija.

En definitiva, en estos momentos los mercados se mueven en función de los comentarios del presidente Trump en las redes sociales y medios de comunicación en general, lo que no tranquiliza precisamente y, a la vez, obliga a ser especialmente cuidadoso con los movimientos en cartera.

Lo verdaderamente determinante en el corto plazo

La clave para el desarrollo de los acontecimientos va a estar en la vuelta a la operatividad del estrecho de Ormuz y los mercados reaccionarán con optimismo ante señales de que el paso se abre. Ello es posible incluso, como expresa el título de esta columna, aunque todas las partes deban salir como ganadoras, lo que frenará este período de incertidumbre y la volatilidad que los mercados atraviesan.

Con todo, es probable que las tensiones geopolíticas sigan siendo elevadas, lo que plantea la cuestión de cómo pueden los inversores posicionar sus carteras en un mundo caracterizado por una mayor incertidumbre comercial y económica. La solución a ese dilema es la que les contaba en esta columna durante las últimas semanas: permanecer invertido acostumbra a batir al market timing y, además, carteras del tipo 60/40 y bien diversificadas superan al efectivo en distintos horizontes incluso tras periodos difíciles.