Los mercados se dispararon cuando el alivio de las tensiones geopolíticas provocó una fuerte caída del precio del crudo, lo que mejoró la confianza de los inversores e impulsó a los principales índices a máximos históricos
El sentimiento de los inversores pasó rápidamente del miedo a la avaricia (índice Greeed&Fear de la CNN). Este índice ha experimentado un drástico cambio de tendencia en los últimos diez días pasando del «temor extremo» a la «codicia», a medida que la confianza de los inversores mejoraba rápidamente siguiendo de cerca la caída del precio del petróleo. Hasta ayer.
Esto pone de manifiesto que la volatilidad del sector energético ha sido el principal factor determinante del estado de ánimo inversor durante este episodio de crisis geopolítica con contagio inmediato a la economía y mercados globales. Además, la disminución de las expectativas de inflación reavivó las esperanzas de recortes de tipos y dio un impulso a los sectores orientados al crecimiento, así como a la renta fija.
El repunte fue también impulsado por el sector tecnológico apoyado en las optimistas previsiones de Taiwan Semiconductor (TSMC) para 2026 (¡junto con un aumento interanual de los beneficios del 58%!) y llevó a los mercados a máximos históricos avivados por el renovado frenesí tecnológico. De hecho, el sector tecnológico ha sido el que mejor rendimiento ha tenido últimamente con el índice Nasdaq Composite alcanzando otro récord en su camino hacia la racha alcista más larga desde julio de 2009: doce días consecutivos subiendo (a pesar de las decepcionantes previsiones de Netflix que cayó el -10% en una sola sesión).
¿Puede decirse que los mercados han vuelto a la «normalidad»?
No lo creo y lo sucedido durante el fin de semana y en el día de ayer lo demuestra con un nuevo enfrentamiento en el estrecho de Ormuz (incautación por parte de EEUU de un buque de carga iraní), con Irán reclamando un control «estricto» del paso por el estrecho y amenazando con mantenerlo cerrado hasta que el presidente estadounidense ponga fin al bloqueo naval.
El giro alcista de muchas cotizaciones apoyado en gran medida en el entusiasmo especulativo potenciado por la Inteligencia Artificial, podría convertirse en peligrosa sobrecompra y bruscas correcciones a la baja. Realmente, no hay indicios claros de que la crisis mundial de la energía y del transporte marítimo hayan llegado a su fin,
Por ello, es innegable que la situación en Oriente Medio sigue siendo muy inestable y podríamos asistir a un recrudecimiento de las tensiones debido a la «política de comunicación» de Trump y al radicalismo de los gobernantes iraníes. En todo caso, es más que probable que los precios del petróleo este año superen las previsiones anteriores a la guerra y, como consecuencia, el crecimiento mundial será más débil (en unos 0,3 puntos porcentuales según previsiones del servicio de análisis de grupo bancario suizo J. Safra Sarasin) y la inflación más alta (en unos 0,5 puntos porcentuales), haciendo que la política de los bancos centrales sea más restrictiva de lo que se estimaba hace unos meses.
En la misma línea se pronuncia JP Morgan en este comentario que refleja las tensiones del mercado del petróleo y sus efectos todavía inciertos: «aunque desde el estallido de la guerra ha continuado un tráfico limitado a través del Estrecho de Ormuz, el último buque que zarpó antes del conflicto lo hizo el 28 de febrero, y se espera su llegada a destino alrededor del 21 de abril. Esto marca, en la práctica, el punto en el que se agota el suministro previo al cierre. Ya están surgiendo señales de que el sistema está sometido a una tensión severa: refinerías europeas y asiáticas compiten agresivamente por los cargamentos restantes, impulsando los precios del Brent a máximos históricos. La diferencia entre los precios del crudo para entrega inmediata y los futuros a un mes suele situarse en un rango de 1–2 dólares por barril. El diferencial, hoy mucho más amplio, indica un fuerte shock de oferta, a pesar de que los mercados siguen descontando una resolución en el futuro. Sin embargo, hasta que las rutas de tránsito se normalicen o se materialice un suministro alternativo, la presión alcista no muestra señales de disminuir».
Así las cosas, el entorno está caracterizado en estos momentos por datos macroeconómicos de confianza empresarial y de los consumidores que han comenzado a deteriorarse. El impacto no será uniforme ya que las zonas más dependientes energéticamente, como la Eurozona y Reino Unido, se verán más afectadas que EEUU. A pesar de ello, no se espera que ninguna economía entre en recesión y la habilidad de los bancos centrales para manejar el tempo de su política monetaria será determinante.
¿Preparémonos para más curvas?
En las Bolsas, el respaldo de los beneficios sigue siendo sólido, tanto en el consenso como en los datos que vamos conociendo, como reflejan las recientes cifras publicadas correspondientes al primer trimestre de los sectores tecnológico y bancario. Sin embargo, dado que la guerra ya está casi totalmente descontada y algunos datos cíclicos muestran signos de debilidad como explico más arriba, parece apropiada una postura ligeramente más cautelosa, aunque positiva, respecto a la renta variable y a los activos de riesgo en general.
La complacencia en los mercados nunca es buena compañera y si los inversores ya no ven la volatilidad geopolítica como un riesgo extremo sino como una característica estructural de los mercados, las implicaciones pueden ser más relevantes de lo que muchos analistas y asesores consideran en estos momentos. Un shock energético como el actual siempre erosiona las expectativas de crecimiento y la estabilidad financiera.
La economía global está hoy día mejor diversificada en fuentes y rutas energéticas, sobre todo con la ayuda de las renovables, pero parece que éstas tienen todavía mucho que demostrar a efectos de seguridad para el suministro de los países occidentales.
Se impone pues revisar las posiciones en cartera, reestructurar si necesario reduciendo exposición a activos más volátiles, y diversificar pensando en que la inestabilidad puede reaparecer de repente, especialmente teniendo en cuenta el voluble y frívolo temperamento de los políticos que nos acompañan, los cercanos y los lejanos.





