El nombramiento de Kevin Warsh como nuevo candidato a presidente de la Reserva Federal (Fed) provocó una importante volatilidad en todos los activos, con el oro registrando su mayor caída diaria desde 1983 (en parte ya recuperada) y la plata experimentando su mayor caída desde 1980. La gravedad en los mercados financieros existe.
El dólar respondió con su día más fuerte desde mayo a lo que los activos de los mercados emergentes experimentaron fuertes reversiones en las cotizaciones de sus acciones y divisas tras las alzas de días anteriores.
A pesar de las turbulencias, los mercados siguen descontando dos recortes de tipos para 2026, aunque la postura agresiva de Warsh sobre el balance de la Fed plantea dudas sobre lo restrictiva que puede ser la futura política monetaria (ha criticado en el pasado el uso de la expansión cuantitativa). Parece que Warsh es un firme defensor de la independencia del banco central estadounidense, cuestión nada sencilla con Trump al acecho, aunque creo que se inclinará por un enfoque más acomodaticio y acabará bajando tipos (un mercado laboral más débil le facilitará hacerlo), lo que debería favorecer el comportamiento de los activos de riesgo, Bolsa sobre todo, a ambos lados del Atlántico.
El ciclo económico refuerza su crecimiento
Nadie duda de que el ciclo económico mundial muestra signos de mejoría: los datos recientes apuntan a una incipiente recuperación de la industria manufacturera mundial, con un fuerte aumento del índice de confianza ISM en el sector manufacturero de EEUU, un PIB del cuarto trimestre de la zona euro que sorprende al alza con un +1,4% interanual y los datos de confianza empresarial en Asia que siguen mejorando en enero. Además, el ciclo de inversión en Inteligencia Artificial (IA) y los estímulos fiscales, especialmente evidentes en Alemania, donde se está acelerando el gasto en infraestructuras, están proporcionando un apoyo adicional a la recuperación del crecimiento global.
Buenos resultados empresariales y, como previsto, rotación entre sectores
Aunque no está siendo todo lo brillante que algunos esperaban, la temporada de resultados corporativos correspondientes al cuarto trimestre de 2025 en EEUU y en Europa está siendo bastante positiva. Es muy llamativo lo publicado por Meta (Facebook) que le dio alas en Bolsa llevando al valor más de un 10% arriba gracias a unos resultados que muestran que la IA está impulsando el crecimiento de los ingresos publicitarios.
Amazon, por su parte, anticipó que destinará 200.000 millones de dólares a infraestructuras de centros de datos, chips y equipamiento, abarcando no solo proyectos vinculados con la IA, sino también otras áreas como su división aeroespacial o la robótica aplicada a la logística. Prosigue la nueva era tecnológica. Si agregamos las inversiones previstas para este ejercicio por los cinco principales «hiperescaladores» —Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle—, la cifra asciende a 670.000 millones de dólares, frente a los algo más de 500.000 millones estimados antes de las presentaciones de resultados.
A pesar de lo anterior, la rotación de mercado continúa y los sectores defensivos y de valor están obteniendo mejores resultados, con subidas de las cotizaciones de empresas de consumo básico y energía, mientras que el sector tecnológico atraviesa dificultades. La rotación continuó a nivel mundial, con índices europeos como el STOXX 600 y los mercados asiáticos superando a los mercados estadounidenses. De hecho, el lanzamiento de nuevas herramientas de automatización basadas en la IA está siendo percibido como una amenaza para las empresas de software y provocó una drástica rotación dentro del propio sector tecnológico con una caída del 7,8 % en el índice estadounidense de software.
El comportamiento de los mercados de acciones en este comienzo de año confirma de nuevo la máxima que tanto he citado en esta columna: triunfar en Bolsa se basa en diversificación y plazo.
P.D. para inversores creyentes en las criptomonedas: la caída que acumula el Bitcoin desde su último máximo en octubre-25 alcanza ya un -45%, similar al de otras criptomonedas. Semejante caída a plomo, unida al hundimiento de algunas materias primas, no es síntoma de una crisis sistémica de mercado, pero sí muestra claramente que la menor liquidez global que impulsa su cotización es realmente la clave de la subida de ésta. Si baja la liquidez en el mercado, el combustible que hace volar a veces a las criptos va frenándose y la desconfianza en su tenencia se acrecienta, dejando «pillados» a muchos inversores. Por si esto fuera poco, la nueva corriente de la IA está llevándose gran parte de la inversión que busca «lo más moderno». Mala pinta tiene la inversión en criptos que parece se está convirtiendo en criptonita.





