Claves del mercado: inflación y tipos

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La inflación del Euro se mantiene muy contenida. El dato de IPC de marzo se revisó una décima a la baja hasta el +1,3% interanual y la tasa subyacente repitió al +1% interanual, lejos del objetivo del BCE. Sin embargo, en Estados Unidos el indicador de precios parece acelerarse (dato más reciente +2,36%), lo que está llevando a la curva de tipos de interés del Dólar a positivizarse y a los analistas a descontar cuatro alzas del tipo de intervención de la FED en 2018 en lugar de tres como se preveía hace unos meses. Como ha sucedido históricamente, creo que la evolución de la inflación y el nivel de las rentabilidades de la curva de tipos de interés (el precio de los bonos, por tanto) van a ser de nuevo determinantes para la marcha de los mercados financieros.

Europa y EEUU se distancian 

Es evidente que la diferencia en el desarrollo del ciclo económico entre EEUU (muy avanzado) y Europa (todavía en fase de fortalecer el crecimiento) está en la base del progresivo distanciamiento de los datos de inflación de ambas zonas económicas. De ahí que la habilidad de los Bancos Centrales en los ajustes de política monetaria (subiendo tipos oficiales) se convierta en una de las principales referencias a las que los mercados, tanto de acciones como de bonos, van a prestar más atención.

Aunque el FMI no se caracteriza por el acierto en sus predicciones (v.gr. crisis subprime),la pasada semana advertía de que una sorpresiva alza de la inflación en EEUU (sea por la reducción de impuestos o sea por las subidas en el precio de las materias primas), podría provocar fuertes tensiones financieras globales al forzar a los bancos centrales a responder con firmeza.

¿Ha terminado la era de los tipos bajos?

La respuesta es un concluyente pero pronunciado muy lentamente “sí”, pues la velocidad en el ascenso de los tipos de interés en Occidente va a ser reducida y su recorrido limitado. Las políticas monetarias han llegado a su límite y el gran período de desinflación ha terminado, lo que no significa que las fuerzas que lo han sustentado (tecnología y deflación salarial, entre otras) se mantengan latentes. Más allá de factores técnicos, el incremento de la volatilidad que vivimos en febrero pasado tenía su origen en este fenómeno.

¿Cómo interpretar esta situación?

Con frecuencia se alude al hecho de una curva de tipos invertida (tipos a corto más altos que los tipos a plazos más largos) como un indicio de recesión y de posible caída de las Bolsas. Sin dejar de perder su validez, esta teoría está hoy en día sujeta a numerosas matizaciones: desde los efectos de la compra de bonos por parte de los Bancos Centrales hasta el nuevo entorno inflacionista al que afectan las nuevas fuerzas que mencionaba más arriba. La visión de Ángel Fernández-Pola, Managing Directorde Rentamarkets, me parece de lo más ilustrativa para descifrar la relación entre tipos, recesión y Bolsas.

Interpretando la diferencia de tipos entre el bono soberano estadounidense a 10 años y el de 2 años, cuenta Fernández-Pola cómo hay casos, desde que baja el diferencial de los 50pb hasta que se invierte, en que pasan varios años (como en los años 90s, tres años y medio), y hasta que alcanza mínimos aún transcurre más tiempo. En otros, en cambio, es todo mucho más rápido:

“Observamos cómo los problemas realmente todavía no han empezado cuando se tocan los mínimos, y que la señal verdaderamente preocupante es cuando el diferencial de la curva, una vez en negativo, empieza a subir y se vuelve positivo. Ahí es cuando la recesión sí está realmente próxima y las bolsas a punto de hacer máximo”.

En el gráfico del índice Dow Jones aparecen marcados con circunferencias verdes los momentos en los que el diferencial baja de 50pb, en azul cuando la curva se invierte y con una flecha roja cuando hace mínimos.

Conclusión de prudencia, no de precipitación

De acuerdo con el análisis anterior, no estaríamos cerca de un desplome en las Bolsas estadounidenses. Además, atendiendo únicamente a los fundamentales de la economía global, el escenario que parece más probable para los mercados  en  2018  no es un escenario de crisis, sino sólo de mayor nerviosismo, como hemos presenciado en el primer trimestre.

Lo anterior no debe ocultar la necesidad de adaptación de las carteras de inversión al nuevo entorno alcista de tipos de interés y al riesgo de shocks periódicos en los mercados de acciones.

Asesórense bien y sean prudentes.

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