Bitcoin, Cataluña y sentido común

Entre las cosas que más me han llamado la atención de la surrealista huida hacia delante del movimiento separatista catalán se encuentra el debate de la divisa. Una declaración unilateral de independencia supondría la salida de Cataluña de la Unión Europea, lo que, entre otras consecuencias económicas como la separación del BCE, la pérdida de fondos estructurales, el establecimiento de aranceles, etc., provocaría también la exclusión de esta comunidad autónoma del sistema monetario del Euro. A sabiendas de este dato, algunos partidarios de la independencia de Cataluña, han aludido al bitcoin como una de las alternativas a la que el gobierno de la república a la que aspiran podría acogerse.

Qué es un bitcoin

El bitcoin es una de las divisas digitales o criptomonedas que se utilizan en la actualidad, cuenta con el mayor número de transacciones, no pertenece a ningún Estado y su existencia se basa en una clave criptográfica que se asocia a un monedero virtual que descuenta y recibe pagos. Su adquisición y uso son complejos, lo que ha provocado que el número de comercios que aceptan este medio de pago sea muy limitado.

Fuente: CryptoCurrency y Expansión

Para profundizar en el origen y funcionamiento del bitcoin recomiendo este artículo de Bloomberg.com (en inglés) en el que se explica la famosa cadena de bloques (blockchain) y el trabajo de los “mineros” en los que se apoya su funcionamiento.

En la práctica, la mayor parte de personas que adquiere divisas digitales lo hace como inversión para especular con el incremento de su precio. El problema es que muchos no saben que se trata de una inversión de alto riesgo.

La realidad de las criptodivisas

El bitcoin no tiene valor intrínseco como tampoco lo tienen las divisas oficiales de los países. Teóricamente, su valor fiduciario, basado en la confianza de la sociedad en su utilidad para la compraventa de bienes, es equivalente al del Dólar o al del Euro. Pero la realidad económica no acepta a las criptodivisas para el pago de impuestos (el mayor número de transacciones en el mundo están ligadas a ellos) y no sirven como reserva de valor.

La volatilidad de su cotización se disparó en los últimos meses como contaba Expansión.com la pasada semana (caída del 40% y rebote del 25%, todo ello en unos días) . Ello se debe a que la oferta de bitcoins es relativamente fija, pero la demanda puede variar enormemente, lo que provoca grandes fluctuaciones.

Howard Marks, financiero estadounidense fundador de la gestora Oaktree y adalid del value investing sobre el que escribí en este blog hace unos años, daba su visión del bitcoin en su carta a inversores de julio pasado:     

“…las monedas digitales no son más que una moda pasajera sin base (o quizás un esquema piramidal), ya que su esencia radica en el deseo de atribuir valor a algo que tiene poco o nada más allá de lo que la gente pagaría por ello; pero ésta no es la primera vez, pues la misma descripción se puede aplicar a la euforia por los tulipanes de 1637 – probablemente la primera gran burbuja de la Historia –, a la burbuja de los mares del Sur (1720) y a la burbuja de Internet (1999 – 2000)”.

Lo que le faltaba a Cataluña

Como opinaban los analistas de UBS en un reciente estudio sobre esta materia, “salvo que los gobiernos decidan abandonar su monopolio monetario, las criptodivisas nunca se utilizarán para la mayor parte de la actividad económica”. Buena prueba de ello son las restricciones que recientemente China, país que supone el 23% de las transacciones globales en bitcoins, anunció que iba a implementar para limitar su uso vistos los picos de volatilidad que se producen en su cotización y el riesgo de burbuja.

El bitcoin y sus monedas hermanas son, a mi juico, otra prueba del poder de internet y de la digitalización de nuestras vidas, y tienen el mismo componente de inseguridad e incertidumbre de tantas cosas que surgen en la Red y acaban en ella, sólo que, en este caso, pueden llevarse por delante el dinero de inversores mal asesorados.

Confío que en Cataluña acabe imperando el sentido común y la prudencia. Lo mismo espero para esta moda especulativa de las criptodivisas. Y también deseo que lo que hoy expongo en esta entrada haya servido, al menos, para conocer mejor los riesgos de algo en lo que, en el fondo, como sucede con el separatismo, muy pocos creen de verdad aunque, aparentemente, muchos lo secunden.